viernes, 19 de febrero de 2016

ANÉCDOTAS:

Hace unas semanas hablaba telefónicamente con uno de mis primos, quien me comentaba las pocas entradas que teníamos en el foro, indicándome una idea que igual os parece acertada.
Consiste en contar algún relato que sepáis o conozcáis sobre la familia de nuestro apellido. Para ello solo se necesita escribirlo, enviarlo a Pancho para que lo publique, y si es chistoso, mejor todavía.
En este caso, y para romper el hielo, contaré cierto suceso que me ocurrió personalmente.
En Madrid existen diversas zonas de diversión, donde se agolpan bares, restaurantes y gente joven los fines de semana. Un servidor frecuentaba algunas de ellas durante sus años mozos, y más en concreto, los aledaños de la plaza de Alonso Martínez, donde en una de sus calles existía un bar en el que me sentía como si estuviera en casa.
Aquella taberna era sencillamente peculiar, tenía aperos de labranza colgados de un techo de unos tres metros de altura, con cencerros y herraduras por doquier, alguna guadaña, collares de vacas, algún arado de madera de los que se utilizaban a mano con las vacas, y con toda seguridad ciertos utensilios que no recuerdo, e incluso alguno de ellos que dudo que supiera para lo que servía. Era pequeño y alargado, recorriendo la barra desde la puerta de entrada hasta el final del local. Las paredes estaban empapeladas con fotografías y posters de todo tipo. Entre las que alcanza mi memoria se encuentra una fotografía de un tamaño aproximado de dos metros por uno, en donde se podía ver la típica fotografía de los rascacielos de Nueva York, y justamente encima de los mismos y pintado con letras que seguramente había pegado el propio dueño, ponía: «Cangas de Narcea». Otro de los detalles que se podía apreciar, más que nada también por su tamaño, era otra fotografía de medio cuerpo, de una espléndida chavala, donde mostraba sus encantos, y nuevamente otro cartel pegado de igual manera que ponía «Pechugas Villaroy».
Detrás de la barra, un paisano alto, corpulento, con poco pelo, y el poco que tenía se lo afeitaba, con voz socarrona; en ocasiones y cuando el lugar se encontraba que no entraba ni un nuevo alma, abría la única ventana del local que tenía junto a la puerta de entrada, y sacando medio cuerpo nos mostraba un cartel de cartón que había confeccionado él mismo, con el siguiente mensaje: «Aforo completo». Aquel imperativo estaba fuera de toda duda, y dando media vuelta nos dirigíamos a otro de los locales, tras lo cual volvíamos a insistir pasado un espacio temporal prudencial.
Es curioso que el detalle que más me gustaba de aquel sitio fuera que, con el paso del tiempo, en este lugar se podía pedir de consumición «un medio». Para quien no lo sepa o no lo recuerde, un medio consistía en medio cubalibre, es decir, te servían dedo y medio del líquido alcohólico que solicitabas, y medio refresco (la mitad de una botella de los refrescos típicos).
Uno de los días, en el que se encontraba el local con un poco de holgura y los clientes no se agolpaban en la barra, empecé a fijarme en el resto de fotografías y curiosidades existentes. El resultado fue sorprendente. En una de las mega fotografías de un barco, y en la esquina inferior derecha, había una foto tamaño carnet, que al acercarme descubrí que el fotografiado era mi tío Leandro, capitán de barco, y el barco no podía ser otro, claro está, el Pola de Siero.
Increíble sorpresa que comenté al dueño, compartiendo mi relación familiar, quien con voz atronadora me dijo el nombre y dos apellidos de mi tío, y con quien había navegado como su capitán durante muchos años.
Esta fue la primera vez que pude examinar este buque.
La fotografía del barco «Pola de Siero» del que fue capitán D. Leandro Vigil-Escalera Domínguez, está extraída de: http://www.navymar.com/
Un abrazo.
José Vallejo Vigil-Escalera
 
 

1 comentario:

Pedro Vigil-Escalera dijo...

Buena anécdota Jose. Si se ocurre alguna, la escribo en este blog. Ya falta menos para la cita familiar del 3 de julio. Los Vigil-Escalera de Málaga no faltarán al encuentro !!!!!